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RUTAS TURÍSTICAS |
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LOS BATANES |
RUTA
CENTRO EXCURSIONISTA DE ALBACETE.
| VIANOS-ALCARAZ |
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KM |
ALTURA |
LUGAR |
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0 |
1121 |
Vianos |
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3,2 |
1140 |
Ruinas |
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3,8 |
980 |
Río Escorial |
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4,4 |
1160 |
Camino de El Santo |
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5,1 |
1160 |
El Santo |
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5,5 |
950 |
Río Escorial |
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6,4 |
940 |
El Batán |
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8,2 |
1050 |
Desvío |
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9,8 |
1050 |
Cruce Cerro Santa Bárbara |
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11,5 |
940 |
Entrada Alcaraz |
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12,3 |
1020 |
Castillo |
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12,7 |
963 |
Alcaraz |

Habrá ocasión este año de visitar esta población de Vianos, pues el año pasado el corazón nos empujaba con fuerza a nuestro final en Alcaraz y no tuvimos tiempo ni de almorzar. No hubo pues necesidad de alzar los manteles que no llegaron a tenderse sobre la mesa.
Hablando de corazón y de manteles es Vianos buen lugar para hincar el diente a un riquísimo estofado de rabo de toro, que con mucho mimo preparan en el bar Ángel, por supuesto regado con vino del bueno, que no con agua barata. El toro es el animal emblemático de esta localidad y está representado incluso en su escudo municipal, en el que aparecen también dos llaves unidas por una cadena y una corona real por encima del conjunto.
Se dice que en Vianos siempre han pastado los toros bravos. Así sigue siendo en la actualidad y así lo podemos comprobar en los campos que se extienden por debajo de la altiplanicie en la que se asienta esta localidad. Es usual encontrar en los archivos municipales de siglos pasados de distintas localidades de la provincia, diferentes gastos para comprar toros de Vianos en las fiestas que allí se celebraban.
No dejaremos de ver en Vianos la iglesia de San Sebastián, sin duda alguna su edificio más sobresaliente y antiguo, construida de una sola nave en el siglo XVI con sillares bien labrados. Destaca del exterior una hermosa ventana de estilo plateresco en su torre campanario, aunque se encuentra tapiada desde hace muchos años. Debajo de la torre, en el interior del templo, se encuentra el coro y enfrente el altar mayor con un hermoso retablo. En los laterales podemos ver diversas imágenes de santos y santas.
Junto a la iglesia, situada en la Plaza de Cervantes, existe una bonita fuente, construida frente a otra cercana con un pilón. Desde esa misma plaza salen calles limpias que huelen a campo, algunas de ellas sin final. Muchas de las casas que se levantan por estas calles vianescas están dotadas de hermosas fachadas pintadas de blanco, adornadas con bonitos enrejados, en las que hay colocadas, en los meses de estío y primavera, bonitas macetas floreadas que contribuyen a hermosearlas todavía más. Incluso alguna calle se encuentra cruzada por alguna pasarela superior que comunica las viviendas de ambos lados. A la salida del pueblo, en el Charcazo, se encuentra una hondonada que forma parte de los restos de una plaza de toros del siglo XVIII, lo que muestra la tradición taurina y ganadera de esta población.
Pero no sólo toros se ven por los campos de Vianos. También abundan las perdices, liebres, arrendajos, tórtolas, palomas torcaces, zorros y el jabalí, animal emblemático para los cazadores. Hay también tejones, una especie protegida, que por desgracia dan muerte en muchos lugares por los destrozos que causan en las plantaciones. Es verdad que de vez en cuando entra en los sembrados de maíz y da cuenta de algunas mazorcas, pero tendríamos que tener en cuenta el beneficio que causa al acabar con numerosos insectos y roedores, que también forman parte de su dieta alimenticia.

En Vianos se acaba la Sierra de Alcaraz. Desde la alta plataforma, privilegiado mirador para mirar al llano, se abren, dirigiendo la mirada hacia Povedilla, Gorgojí y Viveros, los famosos Campos de Montiel, tan citados en el Quijote. En ellos, según cuenta Cide Hamete Benengeli, el sin par Caballero de los Leones afrontó la desigual y hasta entonces jamás oída aventura de la cueva de Montesinos. En la gruta, según relacionó nuestro valeroso hidalgo cuando salió de sus oscuras profundidades, el malvado Merlín, que sin duda debió ser hijo del diablo, tenía encantados al desdichado caballero Durandarte y a su escudero Guadiana, con la dueña Ruidera, sus siete hijas y sus dos sobrinas, a quien convirtió más tarde en río y en otras tantas lagunas.
Con la del alba, y con nuestros envoltorios sobre el costillar, saldremos encaminados hacia el río Escorial, para subir por un camino al cerro de El Santo. Aún se guardan en este cerro los restos de unos enterramientos visigodos y las ruinas góticas de lo que parece ser fue un edificio de caridad del siglo XV, dedicado al rescate de cautivos caídos en poder sarraceno.
Toda esta zona está incluida en una microrreserva natural, cuyo objeto es la recuperación de la Coincya rupestris, una pequeña planta incluida en el Catálogo Regional de Especies Amenzadas, casi extinguida debido a su recolección para la obtención de mostaza por parte de los vecinos de Alcaraz. Se calcula que no son más de mil los ejemplares que componen su población en esta plataforma de El Santo, también conocida como Molata de Alcaraz. Tal vez el Plan de Recuperación, aprobado por el Gobierno regional en 1999, contribuya a evitar su desaparición y de esta forma al mantenimiento de la biodiversidad vegetal.
Por una estrecha senda bajaremos a los Batanes, por donde crece el rusco, una planta con tallos en forma de hojas y pequeños frutillos color carmín, y algún arce de Montpellier, una de las dos especies de arces que tienen su hábitat la sierra albaceteña. Estos antiguos batanes, que quién sabe si son los que pusieron miedo a nuestro enamorado caballero y a su escudero de agua y lana, fueron también usados como central hidroeléctrica. Para mover los gruesos mazos de madera, que golpeaban los paños, y más tarde las turbinas de generación eléctrica, se construyó una presa más arriba del río, precisamente por donde sale el camino por el que subiremos a la plataforma de El Santo.
Desde Los Batanes seguiremos por el margen derecho del río de La Mesta para afrontar la llegada a Alcaraz, meta y fin de nuestra aventura, tras siete días de dura andadura. Las ruinas del castillo morisco, destruido por sus mismos habitantes para evitar que en ellas buscase refugio algún malvado noble con ansia de poder, el arco gótico, que aún permanece del antiguo acueducto que llevaba el agua a la población, y la también gótica iglesia de la Santísima Trinidad son fieles reflejos de su pasado medieval.
Fue en el medioevo cuando Alcaraz escribió las páginas más brillantes de su historia. Época aquella de caballeros andantes y aventureros, como nuestro desventurado caballero don Quijote, que allá y por acá corrían en busca de aventuras, sacudiendo estopa al moro infiel por todos los agravios sufridos en siglos anteriores. Y también, por supuesto, a arrancar de las manos de los enemigos de la fe un sugestivo botín que aumentase el grosor de sus bolsillos.
Tras la conquista a los moros del castillo en 1213, los guerreros que asentó en la fortaleza el rey Alfonso VIII, salían armas en mano, henchidos de fe y de un enorme espíritu aventurero, a conquistar el vecino territorio agareno. El alfoz conquistado y su importancia estratégica, al ser frontera con los reinos musulmanes de Murcia y Granada, llevó a Alcaraz a ser una de las más importantes ciudades de Castilla y a usar su privilegio de voto en las Cortes castellanas, privilegio que en más de una ocasión rechazaron al tener que afrontar los fuertes gastos que el desplazamiento suponía.
La edad moderna, la llegada del renacimiento y el fin del reinado de los Reyes Católicos trajo consigo la decadencia alcaraceña. Pero es en este periodo cuando vivieron los personajes más ilustres de Alcaraz y cuando se construyeron sus edificios más sobresalientes, alzados todos ellos en torno a la Plaza Mayor, sin duda la más hermosa de nuestra provincia.
A esta Plaza Mayor llegaremos por la calle del mismo nombre, tras pasar por un arco que nos traslada como por ensalmo a tiempos pretéritos; la casa de los Guerreros y la hermosa puerta plateresca del edificio de la Aduana nos entrarán de lleno en lo más profundo del corazón alcaraceño. Bajo el Arco de Zapatería, como todos los años, escuchando el romance del Pernales, cantado en boca de Lanciano, si tiene gana y la garganta fina, pondremos el epílogo a esta edición de la marcha Nerpio-Alcaraz. Después, para apagar los dolores de las ampollas de nuestros pies y las penas de nuestros hambreados estómagos, nos iremos todos juntos a comer al restaurante Alfonso VIII, que dicen que las tristezas con las tripas llenas lo son menos.


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